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16. HISTORIA Y PRAXIS* (Ortopraxia y objetividad) "Das System der gegenständlichen Tätigkeiten schafft die faktischen Bedingungen der möglichen Reproduktion des gesellschafltichen Lebens und zugleich die transzendentalen Bedingungen der mö- glichen Objektivität von Gegenstanden der Erfahr- ung" (Jürgen Habernas, Erkenntnis und Interesse, p.39). "[...] während die Methode. vom Abstrakten zum Konkreten aufzusteigen" (Karl Marx, Zur Kritik der politischen Oekonomie, I, p. 248). * Oaxtepec, 14 de octubre de 1980.

16. · Es en el mundo semita, y no en el mundo indoeuropeo los dominadores del hierro y el caballo que instauran sistemas escla- vistas, donde surge el discurso histórico antifetichista

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  • 16. HISTORIA Y PRAXIS* (Ortopraxia y objetividad) "Das System der gegenständlichen Tätigkeiten schafft die faktischen Bedingungen der möglichen Reproduktion des gesellschafltichen Lebens und zugleich die transzendentalen Bedingungen der mö- glichen Objektivität von Gegenstanden der Erfahr- ung" (Jürgen Habernas, Erkenntnis und Interesse, p.39). "[...] während die Methode. vom Abstrakten zum Konkreten aufzusteigen" (Karl Marx, Zur Kritik der politischen Oekonomie, I, p. 248). * Oaxtepec, 14 de octubre de 1980.

  • 309 Desde que hay historia (Historie) o descripción del acontecer histórico (Geschehen), a nivel del simple relato histórico (Geschich- tsschreibung), el discurso cumplió una función muy precisa en la sociedad. La función social del relato histórico está siempre ligado a la praxis concreta y desempeña el papel no tanto de clarifica- ción como de fundación. Entre los grandes imperios o civilizacio- nes urbanas del neolítico, por ejemplo en la Mesopotamia, en Egipto, la India, la China, entre los Aztecas, los Mayas o los Incas, el relato histórico tenía la función fetichista de fundar al Estado, a la clase en el poder, dándole una originación divina. Paradógica- mente el relato histórico, por ser mitopoiético comenzaba por las teogonías, es decir, deshistorificaba la dominación del Estado y lo instalaba en un orden trascendental ahistórico, fetichizado, novum ordo saeculorum: "un nuevo orden para la eternidad" —como se lee en el billete de un dólar de los Estados Unidos, nuevo Estado con pretensión fetichista igualmente—. Ante este relato fetichizante del acontecer cotidiano cambiante, hasta caóti- co, de cuya complejidad podría provenir el fin del Estado, su derrumbe (situación que la historia, en función ideológica quiere evitar y por ello es el centro del ejercicio de la hegemonía ideológi- ca para crear el consenso en la sociedad civil y las clases domi-

  • 310 nadas), surge otro relato histórico, pero ahora historificante, anti- fetichista. Se trata del discurso histórico de las clases oprimidas en proceso de liberación. Uno de los primeros relatos en este sen- tido fue el de los esclavos de Egipto liderados por un tal Moshé. Es en el mundo semita, y no en el mundo indoeuropeo los dominadores del hierro y el caballo que instauran sistemas escla- vistas, donde surge el discurso histórico antifetichista. Como Paul Ricoeur lo ha mostrado, el mito adámico, y no el prometeico, es el primer mito antropológico, histórico (1), y esto simplemente porque la libertad y el mal son del hombre; se produce así una distancia radical con los dioses. Esta ateización del origen del relato histórico, aunque le pese a Nietzsche, es la instauración de discursos en donde el hombre es responsable de la historia, y no ya los dioses. Pero el relato antifetichista está determinado por la praxis. La praxis de liberación, la ortopraxia que funda la "recti- tud " del discurso, se enfrenta al poder fetichizado del Estado y las clases dominantes. Debe comenzar por destituir de su preten- dida eternidad, divinidad, al poder dominante para hacer posible la praxis destructora de un tal orden. La praxis de liberación, determina un relato más objetivo, no ya mítico, sino ahora histó- rico, humano, donde las clases oprimidas en proceso emancipato- rio emergen como sujeto histórico, como protagonista determina- do por las estructuras sociales ( eran esclavos por su situación en las relaciones productivas, prácticas, ideológicas y no otra cosa), pero no absolutamente determinados. Estaban estructural y relativamente determinados. La praxis de liberación se fundaba, se originaba, como lo ha mostrado Ernst Bloch (2), en la utopía, en la utopía de un nuevo orden más justo, la tierra prometida donde "mana leche y miel" -como termina el himno del Frente Sandinista de nuestra hermana Nicaragua-. La utopía no es sino un horizonte de inteligibilidad, frontera desde donde se consti- tuyen los objetos del conocimiento, referencia última de su objetividad. Relatos fetichistas de la historia que justifican la praxis de dominación, y relatos historificantes y críticos, antifetichistas, que fundan la praxis de liberación de los oprimidos, son los dos límites extremos entre los cuales se pueden clasificar todos los

  • 311 discursos históricos, desde su etapa precientífica hasta su consti- tución como ciencia (als Wissenschaft), donde el discurso históri- co no ha dejado de cumplir esa función real, concreta, histórica. Hablando de la objetividad, Noam Chomsky nos dice que O'Brien explica que ..en nuestra época, el poder (power) tiene a su servi- cio a más intelectuales que en ningún otro momento de la historia, permitiéndoles ser más discretos acerca de los métodos utiliza- dos", porque estaríamos en .cuna sociedad mutilada por la corrup- ción sistemática de sus intelectuales"3; de lo que concluye el gran científico en la lingüística: .Se refiere (O'Brien) específicamente al fracaso de los científicos sociales que deberían actuar como críticos responsables e independientes de la política del Gobierno, y que se han convertido, en cambio, en los agentes de su política"4. Es decir , “la tesis de Bell de que los intelectuales están cada vez más cerca del centro del poder, o que al menos están siendo ab- sorbidos más plenamente dentro de la estructura de elaboración de las decisiones, se ve en cierto modo apoyado por el fenómeno de la sumisión contrarrevolucionaria. Esto es: se puede predecir que a medida que el poder se haga más accesible [al intelectual], las desigualdades de la sociedad se alejarán de su visión"5. Es sabido que éste fue el tema del conocido libro de Marcuse, One-Dimensional Man, del que, a manera de introducción, cabe recordar algunas consideraciones tomadas casi al azar: “La enaje- nación de la totalidad absorbe las enajenaciones particulares y convierte los crímenes contra la humanidad en una empresa racional”6. Luchar teóricamente contra esos crímenes son “inú- tiles aventuras mentales"7, ya que los intelectuales reformistas “en el estadio avanzado de la civilización industrial, han converti- do a la racionalidad científica, en poder político"8. Pero sería bueno no olvidar que "si la naturaleza es en sí misma un objeto legítimo, racional de la ciencia, es entonces no sólo el objeto legítimo de la Razón como poder, sino también de la Razón como libertad; no sólo como dominación, sino también como liberación”9.

  • 312 1. CONOCIMIENTO E INTERES La totalidad práctica, "el sistema de las prácticas objetivas"10, la praxis en su más "fundamental" sentido, es la última instancia real del acto y de la descripción del problema del conocimiento. Todos los problemas del conocimiento “encuentran su solución racional en la praxis humana (menschlichen Praxis) y en el con- cepto de esta praxis"11 En efecto, el acto del conocer se inscri- be, real y concretamente, en el proceso total de la praxis, como un momento "interno ", a su servicio, cumpliendo una función instrumental bien precisa. Olvidar el origen, en medio en el cual, la finalidad para la cual, las determinaciones que se ejercen en cada uno de los momentos del conocimiento con respecto a la praxis, es absolutizar un acto supletorio, es caer en el fetichismo de la teoría. No pudiendo efectuar aquí una descripción pormenorizada de la cuestión elegiremos la vía corta o fundamental, planteando la cuestión radical de la constitución de todo conocimiento posible. En efecto, la praxis es la actualidad de la vida humana, necesa- riamente vida social. La reproducción de la vida se cumple por el trabajo. El trabajo es la acción transformadora de la naturaleza que permite producir objetos que satisfagan las necesidades del hombre. El consumo reproduce la vida social. El consumo (el comer del hambriento, el vestir del desnudo, el habitar del vaga- bundo, etc.) es el objetivo de toda acción, es decir, la satisfacción y el goce del bien alcanzado. Desde Aristóteles12 Hasta Kant13 después, el objetivo de toda praxis es el cumplimiento positivo de la negatividad de la necesidad. Es por ello que, “llamo Intereses (Interessen) -nos dice Habermas- a las orientaciones fundamen- tales (Grundorientierungen) que se articulan con las condiciones fundamentales de la posible reproducción y autoconstitución de la especie humana, es decir , con el trabajo y la interacción. Estas orientaciones fundamentales se dirigen, no sólo a la satis- facción inmediata de las necesidades empíricas, sino también a la solución a los sistemas de problemas en general"14.

  • 313 Siendo la razón un momento de la totalidad de la vida humana en general, puede comprenderse "la unidad de la razón con el interesado uso de la razón"15, Todo esto si se entiende, entonces, "interés" como fundamento, como proyecto, ya que "el mundo- objeto es así el mundo de un proyecto específico y nunca es acce- sible fuera del proyecto (Entwurf) histórico que organiza la mate- ria, y la organización de la materia es al mismo tiempo una empre- sa teórica y práctica16. En cuanto empresa teórica es conocimiento. En cuanto conoci- miento un sujeto cognoscente constituye el objeto y el sentido del mismo. La relación sujeto-objeto planteaba a la fenomenolo- gía la cuestión de la "intencionalidad, que tiene esencialmente un doble término: noesis y noema", y es conocido que "el problema fenomenológico de la relación de la conciencia a una objetividad (Gegenständlichkeit) posee ante todo un momento noemático"17. No vamos a entrar a la cuestión, pero queremos dejar indicada la cuestión de una objetividad cotidiana, precientífica, objetividad del objeto que se funda en el horizonte fundamental de compren- sión, en el proyecto, en el Interés en su sentido fundamental. Lo que pasa es que "las condciones de la objetividad de un conocimiento posible"18 se originan en la praxis, como la totali- dad de las prácticas mundanas, ya que "el mismo Interés depende de las acciones"19. De otra manera, la condición de posibilidad de la constitución de la objetividad del objeto pende del proyecto fundamental práctico de una sociedad, de un grupo, del mismo individuo articulado en ellos. El interés abre el horizonte de la posible constitución de los objetos del conocimiento. Podríamos decir que más allá del horizonte actual de inteligibilidad o de constituibilidad objetiva no es posible real y concretamente conocer algo. Era imposible para el Faraón conocer la legitimidad y consistencia de la esperanza de los esclavos explotados; estaba más allá del horizonte posible de constitución objetual. Sus inte- reses, no en sentido empírico sino trascendental, hacían imposi- ble conocer tales objetos; tal conocimiento rebasaba las condicio- nes práctico-productivas de posibilidad de la constitución de la objetividad del objeto.

  • 314 Quizá ahora pueda entenderse la intención de Fichte cuando expresa que "el último fundamento (Grund) de la diferencia entre los idealistas y los dogmáticos sea la diferencia entre sus intereses (Interesses)20. y por ello la "necesidad de emancipación (Bedürfnis der Emanzipation) " y el originario impulso al cumplimiento de la Libertad son el presupuesto de toda lógica: "El supremo interés (hochste Interesse) y el fundamento (Grund) de todos los intere- ses es el para-nosotros-mismos (für uns selbst)"21. "Ser para noso- tros mismos", y no para otro, es el objetivo de la praxis de libera- ción, pero también de la Razón. Kant mismo indica que "al fin y al cabo una misma es la razón, en el aspecto teórico o en el práctico, que juzga según principios a priori", pero teniendo en cuenta que el último criterio es "el Interés práctico (praktischen Interesse) de la razón pura", ya que "no puede aceptarse que la razón práctica sea subordinada a la especulativa e invertir así el orden, porque en definitiva todo Interés (Interssle) es práctico, y aún el de la razón especulativa es sólo condicionado, y únicamen- te en el uso práctico está completo"22 . De otra manera, es la praxis como totalidad fundamental, que incluye en su esencia al Interés, fundamento (Grund, Sein),la que en concreto despliega el horizonte de objetua1idad. Un horizonte vigente, establecido, que funda la praxis de dominación de un Estado, de una clase dominante, entrará en contradicción con otra fundamento (la Utopía) o nuevo horizonte de constitución objeti- va. Dado un sujeto cognoscente (s1) que efectúa una praxis de dominación (d) sobre otro sujeto cognoscente (S2), la constitu- ción de la objetividad del objeto (O1) es diversa, porque la rela- ción de fundamentalidad práctica (a) parte de otro horizonte de orientación interesada fundamental (I1), que en el caso del opri- mido (S2) que cono!;,e al objeto (O1) desde una utopía de libera- ción (I2) que objetualiza de otra manera al objeto conocido (b). Desde aquí puede entenderse que "los objetos del pensamiento y la percepción tal como aparecen ante los individuos anterior- mente a toda interpretación subjetiva tienen en común ciertas cualidades primarias que pertenecen a estos dos sostenes de la

  • 315 Contradicción entre diversos horizontes de constitución cognoscitiva.

    realidad: 1) a la estructura física (natural) de la materia, y 2) a la forma que ha adquirido la materia en la práctica histórica colec- tiva que la ha hecho (a la materia) objeto para un sujeto. Los dos soportes de la objetividad (físicos e históricos) están interrelacio- nados de tal modo que no pueden ser aislados uno del otro. El aspecto histórico no puede eliminarse nunca tan radicalmente que sólo permanezca el soporte físico absoluto"23. Es decir, la mate- ria entre los dos sujetos cognoscentes puede ser idéntica (O1), pero la forma que ha adquirido en las prácticas históricas colecti- vas puede ser muy diversa, y ésto porque “el sistema de las prácti- cas objetivas constituye [no sólo] las condiciones fácticas de la reproducción posible de la vida social, [sino que] y al mismo tiem- po las condiciones trascendentales de la objetividad posible de los objetos de la experiencia "24. En última instancia es el Interés práctico la condición trascendental fundamental de la objetividad de los objetos, objetividad posible de los objetos posibles; es decir, de la experiencia posible desde la frontera delimitada por la totalidad de la praxis de un grupo, una clase, una época, lo que incluye contradicciones de Intereses y por ello diversos grados de objetividad de los objetos. La praxis de liberación de los oprimidos, cuando es adecuada. cuando es ortopráctica, abre el máximo horizonte posible de obje-

  • 316 tualidad, porque el Interés utópico práctico-prudencial supera en mucho la capacidad de objetualidad del proyecto vigente del grupo en el poder, en la dominación. I1 es un horizonte más estre- cho que I2 .Este último puede conocer (c) objetos (O2) que le son imposible, porque caen en la exterioridad de su horizonte posible, al cognoscente dominador (S1). El ámbito de exterioridad (E) objetual llegará a ser el origen de la crisis de los modelos explicati- vos, de los paradigmas. La nueva realidad que se abre desde un nuevo Interés práctico u horizonte de constitución objetiva per- mitirá al "intelectual orgánico", a las clases oprimidas en su praxis de liberación, tener un nuevo término de referencia para confron- tar , y no sólo contrastar , la totalidad de los paradigmas y aún el proceso de exposición, y no sólo explicación, metódica. 2. AUTONOMÍA PROPIA DEL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO HISTÓRICO El enunciado expresado por una subjetividad empírica o pato- logica25 es meramente de opinión (δοξα),ya que "son probables (έυdοξα) las opiniones aceptadas por todos los hombres, o por la mayoría de ellos, o por los sabios, o entre estos por todos, o por su mayoría o por sus más notables o más ilustres"26 .Mientras que una subjetividad científica o trascendental, en cuanto ejerce y cumple todas las exigencias de los aparatos epistemológicos, llega a explicaciones (por ahora en su sentido más amplio). La subjeti- vidad científica (έπιστήµη) no deja por ello de ser subjetivi- dad, y menos deja de constituir la objetividad científica. En su sentido estricto una objetividad sin sujeto sería algo así como un hijo sin padre. La filialidad incluye en su mismo concepto la noción de paternidad: no hay hijo sin padre y viceversa. Lo que se ha querido indicar es que la objetividad científica no es correlato de la subjetividad patológica, individual psico- lógica y menos de una subjetividad absoluta, originante, vo- luntarista, como el “Yo absluto” que exponía Fichte27. La eliminación prematura de todo sujeto, sin embargo, y la no reten- ción del sujeto trascendental —tal como lo hacen a su manera Ricoeur y Schaff—, pueden llevar a absolutizar de otra manera a la objetividad, al destruir todo puente con la praxis (considerada

  • 317 como lo extrateórico, y no como la determinación intrínseca constitutiva de lo teórico), fetichizando el ámbito de la ciencia y no pudiendo ya más definir p.e. la articulación de la objetividad científica y la objetividad teórica de la práxis revolucionaria. El dualismo es el castigo de una abstracción lícita en cuanto abstrac- ción ("operemos como si no hubiera sujeto patológico cognos- cente", el als ob), pero ilícita en cuanto descripción de realidad. La evacuación del sujeto es evacuación del Interés, de la praxis, del horizonte concreto, no sólo de la ideología, sino de todo el sistema de prácticas objetivas que hacen posible el conocer cientí- fico mismo. Es evidente que hay que realizar una "ruptura" entre el sujeto empírico o patológico y el sujeto trascendental o científico, metódico (no es lo mismo el sujeto del historiador que el historia- dor como sujeto científico), pero todavía habrá que considerar la articulación entre el sujeto científico y el sujeto social, estruc- tural, tales como las clases sociales (que con evidencia no es un sujeto absoluto, última causa voluntarista, pero no deja de operar como sujeto estructurado y también reestructurante). Dicho lo cual, pasemos al tema. 2.1. Objetividad abstracta. El discurso científico histórico tiene exigencias propias, metó- dicas, cuando cumple la lógica de la explicación. Sería en este caso objetivo el conocimiento alcanzado del objeto que se rige por dicha lógica. Claro es que hay diversas posturas ante el proce- so lógico de la explicación científica de la historia28. De todas maneras, la objetividad estaría definida desde las condiciones de la elaboración del discurso, es decir, desde la contrastabilidad y control de los aparatos epistemológicos, de los elementos teóricos e informativos. Sin entrar al debate de la coherencia de la propues- ta hempeliana del modelo nomológico, deductivo, o la de contras- tación por "falsiability" popperiana29, lo que nos importa y preo- cupa es la reducción de la objetividad por exclusión de la cuestión de la verdad (y no van sin importancia que las obras de Ricoeur y Schaff ambas tengan por título Historia y verdad), pero aún

  • 318 más que se indique que los factores sociales no tengan nada (el juicio es absoluto, p. 14) que ver con la objetividad de la narra- ción. Una vez que se ha puesto al sujeto entre paréntesis, que a la totalidad social práctica se la ha declarado como no determinante en la constitución de la objetividad, que se ha separado la cues- tión de objetividad y verdad de manera absoluta, que se declaran como elementos extrateóricos a la clase, la nación, etc., puede aceptarse que dos discursos sean contradictorios e igualmente objetivos, o que la interpretación conservadora de la revolución mexicana sea igualmente objetiva que la interpretación articulada al Interés -en su sentido trascendental y no meramente empíri- co- de las clases oprimidas. Lo práctico es extrateórico y no puede ser ni referencia ni criterio para la objetividad del discurso histór-. co científico. Es decir, concluir que "preocuparse por la objetivi- dad de un enunciado no equivale a preguntar si es o no verdadero, si corresponde o no a la realidad" (p. 22), ¿no es acaso haber cerrado con autonomía absoluta el discurso formal o abstracto de una explicación olvidando su realidad concreta? ¿No se habrá caí- do en la absolutización del pensar que ya criticaba Feuerbach en su obra Grundsätze der Philosophie del Zukunft, § 62: "La verda- dera dialéctica no es el monólogo del solitario pensar consigo mismo"30? ¿No sería ésto arrebatar las armas teóricas a los histo- riadores que se arriesgan a construir una historia más explicativa al servicio de la praxis de liberación de los oprimidos? ¿Cómo es posible aceptar, una vez que ambos hubieran cumplido las exigen- cias epistemáticas requeridas, que tendrían la misma objetividad un discurso de McNamara como presidente del Banco Mundial o el del plan de reactivación económica del gobierno nicaragüense actual? J.G. Droysen habla de una "eunuchischen Objektivität"31 que consistiría en la pretensión de elevar el grado de única consi- deración posible del problema de la objetividad, una objetividad abstracta, formal, intracientífica. Si "el método consiste en ascender de lo abstracto a lo con creto", es posible que la cuestión de la objetividad tenga otra

  • 319 respuesta en una consideración concreta, es decir, situando la cuestión en el todo concreto dentro del cual la objetividad del discurso adquiere nueva significación. 2.2. El método dialéctico como el método de la historia Pueden haber críticas anarquistas al problema del método32, la muestra parte desde otro punto de vista. ¿No será que los méto- dos enunciados hayan desconocido la especifidad del objeto histó- rico? ¿No será que, simplemente, el método dialéctivo es aquel que cumple con las exigencias del objeto y por ello sabe tematizar su articulación originaria desde la praxis y el grado de objetividad de su discurso puede "corresponder (entsprächen)"33 con dicha praxis, con la realidad, con la historia? Pienso, y no es este el lugar para desarrollar esta propuesta, que el método de la historia es el dialéctico, y no el que frecuente- mente se propone, que tiene mayor o menor analogía con las ciencias físicas o naturales. Pero, nuevamente, la praxis determina (no absolutamente) hasta la posibilidad del uso de un método, tanto en la construcción del paradigma como de sus categorías. Si se opta por una praxis reformista o de afirmación del sistema, se descartarán las críticas o los métodos denominados holísticos, dialécticos, y se los pretenderá descartar por ingenuos, no-cientí - ficos, inválidos. Un Karl Popper, con sus propuestas metódicas de gran precisión, cae sin embargo en superficialidades en su obra Die offene Gesellschaft und ihre Feinde34 donde confunde la dialéctica con la predictibilidad de acontecimientos futuros. De la misma manera, desde una opción práctica, se llega a identificar el mundo (World) con la "totalidad de la realidad (The sum-total of reality)"35, para después declarar que "sentir el mundo como un todo limitado es lo místico"36.y como el "sentido del mundo debe quedar fuera del mundo"37, todo juicio dialéctico sobre la totalidad del sistema es imposible; es más correcto guardar silen- cio. Todos estos pensamientos antidialécticos, antiholísticos, son perfectamente coherentes con una praxis de reproducción del

  • 320 sistema. La adopción del método dialéctico surgió, histórica- mente, desde una praxis de compromiso radical con los oprimi- dos. La crítica radical no se ejerce sobre "partes" funcionales del sistema, sino que afronta la "totalidad" global del mismo. Si sobre ésto "no se puede hablar (man nicht sprechen kann )", ha- brá antes que silenciar asesinando a millones y millones que claman: "¡Tengo hambre!". Contra otros métodos reductivos, sean inductivos o deducti- vos, el método dialéctico "asciende de lo abstracto a lo concre- to”38. La acción metódica de "ascender" (aufzusteigen)" despista a más de un epistemólogo. no bien advertido. Pasar de la ley uni- versal a la explicación del fenómeno (p.2., del explanans al explanandum ), es como un descender de lo universal a lo parti- cular. Pero, ¿qué sentido tiene ascender de lo abstracto a lo con- creto? Lo abstracto son los datos, los hechos, todo aquello que caóticamente se recolecta por la información (que tiene ciencias auxiliares de verificación de su autenticidad, etc.). Colectada 1a caótica multiplicidad de objetos abstractos (y abstractos en cuan- tos "todos" inconexos, o "partes" sin articulación: ab-sueltas de sentido y explicación, sin respectividad mutuamente con implica- ciones) se los pone, se los ex-pone, en la totalidad concreta que los comprende, abarca, funda: la esencia concreta de todos ellos. Kosík llama la atención, con razón, que sin una precisa y exhaustiva previa investigación de los abstractos, los datos, los hechos ( en cuya investigación termina, frecuentemente toda la labor del investigador para más de un metodólogo america- no ), el ejercicio dialéctico propiamente dicho de confrontación de la parte en el todo sería vacuo, superficial. Muchos pretendidos dialécticos creen que el método excluye el gigantesco esfuerzo de la investigación minuciosa, seria, coherente. La referencia del caos abstracto a la totalidad concreta esta mediado por la construcción de categorías, del paradigma, el que, por otra parte, se está reconstruyendo permanentemente. Por ejemplo, se puede pensar que la renta del suelo es el origen princi- pal y constante de la acumulación primitiva del capital. André Gunder Frank39 muestra en su trabajo histórico que la acumula

  • 321 ción de capital europeo es el producto de diversos ciclos, dispares y combinados, en donde los determinantes externos, circulatorios (el oro y la plata, la esclavitud del africano, etc.) se relacionan dia- lécticamente con los internos, productivos (renta del suelo, bajos salarios, etc.). Esta explicación histórica, fruto de una amplia investigación previa informativa, se realiza gracias a la construc- ción de categorías (como el modo de producción) que permite ex-poner a cada momento abstracto en la totalidad concreta- categorial primero (totalidad pensada), teniendo siempre presen- te el sujeto histórico: la sociedad real estudiada40. Puesta así la "parte" en el "todo", fundado lo abstracto en lo concreto, referido el fenómeno a su esencia ( el todo concreto ), "llegado a este punto habría que reemprender el viaje de retorno (wieder rückwärts anzutreten)"41. Este retorno", descenso, no es de una ley universal a la explicación particular, sino del "todo concreto" a la parte explicada, ex-puesta desde su fundamento. Es ahora un fenómeno, dato, hecho concreto. Esta "parte" expli- cativamente expuesta es ahora momento de “una rica totalidad (Totalität) con múltiples determinaciones y relaciones"42. La explicación es aquí síntesis, "unidad de lo diverso"43. No es aquí el lugar de explicar todo ésto, pero, simplemente, me parece que el debate de la objetividad debería situarse en este horizonte y sería más rico. En efecto, en el ejemplo de Gunder Frank, la conclusión a la que llega es coherente después de haber situado toda la informa- ción de elementos abstractos (la acumulación en Europa: España, Portugal, Francia, Inglaterra; de la Periferia: América Latina, Africa y Asia; a fines del siglo XV, en el XVI, en la depresión del XVII y el auge del XVIII), y de haberlos confrontado con el para- digma de categorías construidas, y haber retornado a los datos iniciales para probar su coherencia explicativa. Además, en este ejemplo, se ve claramente la presencia deter- minante de la praxis, del sujeto científico e histórico. En el siglo XIX, y desde Europa, se debía dar más importancia a la acumula- ción interna y productiva. En el siglo XX, y desde la Periferia, cobra particular importancia la acumulación externa y de circula-

  • 322 ción (es toda la cuestión de la "teoría de la dependencia" como marco teórico de explicación). El método tiene conciencia dé su articulación con la praxis y desarrolla un discurso con autocon- ciencia de su articulación con la praxis y desarrolla un discurso con autoconciencia de dicha articulación: a su servicio, al servicio teórico de la praxis de liberación nacional de las clases oprimidas y productoras. En este caso, la objetividad de una exposición explicativa dia- léctica (por ascenso crítico y descenso conclusivo) no 1610 se refiere al cumplimiento formal del proceso dialéctico-metódico, sino que también incluye la correpondencia con lo real. Dice Marx: “Solo entonces el camino del pensamiento abstracto, que se eleva de lo simple a lo complejo, podría corrponder (entsprä- che) con el proceso histórico real (wirklichen)”44. ¿Será realismo ingenuo o tendrá un supremo respeto por la praxis a la que se refiere como su origen y fundamento? "La dialéctica no es el método de la reducción, sino el método de la reproducción espiri- tual e intelectual de la realidad"45. A esta objetividad que incluye en su contenido validez y ver- dad, podría denominársela objetividad concreta. 3. DETERMINACIÓN RELATIVA DE LA PRAXIS Y GRADOS DE OBJETIVIDAD El tema de la objetividad formal o concreta deja clara su dife- rencia cuando se enfrentan dos explicaciones contradictorias de un mismo hecho: la revolución mexicana por ejemplo. La explica- ción científica de un conservador será diversa a la de un historia- dor que es "intelectual orgánico" de las clases oprimidas. ¿Cuál tiene mál objetividad? ¿Puede decirse que tienen idéntica objeti- vidad? La objetividad abstracta dirá que, en efecto, dicha objetivi- dad es idéntica si han cumplido las exigencias formales. Un con- cepto concreto de objetividad dirá que es más. objetiva la explica- ción científica que exponga con mayor claridad la realidad en cuestión. ¿Cuál de ambas es más explicativa? ¿Cuáles serían los criterios de dicha objetividad? Lo que Thomas Kuhn dice para las ciencias en general es aún mucho más relevante para la historia:

  • 323 "Las revoluciones políticas se inician por medio de un sentimien- to, cada vez mayor, restringido frecuentemente a una fracción de la comunidad política, de que las instituciones existentes han cesado de satisfacer adecuadamente los problemas planteados [...] De manera muy similar, las revoluciones científicas se inician con un sentimiento creciente, también a menudo restringido a una estrecha subdivisión de la comunidad científica, de que un para- digma existente ha dejado de funcionar adecuadamente"46 En realidad la cuestión es algo diversa. Las revoluciones sociales se originan no porque "las instituciones existentes han cesado de satisfacer adecuadamente" las necesidades (ya que los oprimidos nunca las habían cumplido, sino porque han cesado de cumplirse las exigencias de la hegemonía que permitía dominar coactiva- mente sin represión. La revolución se efectúa cuando el sistema represivo es insuficiente para impedir la organización de nuevos sistemas práctico-productivos. La fracción que es el sujeto revolu- cionario son las clases oprimidas, y no una fracción cualquiera. De la misma manera, y especialmente en la historia, no se trata sólo de un "paralelo"47, sino de una verdadera génesis histórica. Son las revoluciones sociales de las clases oprimidas las que han quitado objetividad a las explicaciones que se realizan desde paradigmas existentes que han dejado de "explicar" los hechos nuevos (O2 del esquema) que enfrenta en su praxis de liberación el sujeto histórico emergente. Los objetos situados en el ámbito de exterioridad (E del esquema, más allá del horizonte de objetualización del Interés de las clases dominantes, del Estado vigente) no pueden ya ser tratados por paradigmas surgidos para explicar hechos dentro del horizonte de I1. La explicación intra- sistémica (flecha a) no es ya considerada como "objetiva" por el sujeto dominado (S2). La pérdida de objetividad de la explica- ción histórica se confunde ya, en el sistema que la praxis de libe- ración deja atrás, como algo "subjetivo", mal intensionado, redu- cido, no real, ideológico al menos por su función real de oculta- miento de E: el ámbito de exterioridad descubierto desde la pra- xis liberadora) es el origen de la crisis del paradigma explicativo. Las categorías históricas construidas por los "intelectuales orgánicos" a las luchas obreras del siglo XIX alcanzaban mayor

  • 324 grado de objetividad que la de sus colegas ingleses (como Adam Smith, Ricardo, etc.) articulados a los Intereses de la burguesía triunfante. Desde la praxis de liberación del oprimido se podía descubrir "el sentido del mundo (capitalista), (y como) debe quedar fuera del mundo", nos decía Wittgenstein adecuadamente, la praxis del oprimido liberándose debía ser el punto de apoyo, la exterioridad explicativa correcta. Es por ello que para poder dar un juicio sobre la totalidad hay que estar "fuera", más allá", desde el otro. Este punto explicativo científico práctico adecuado de perspectiva es la praxis de libera- ción del oprimido: la ortopraxia. Sub lumine oppreasionis puede discernirse el grado real, concreto, histórico de la objetividad cien- tífica de un discurso histórico. La ciencia no niega el conocimien- to adecuado a la realidad sino que lo perfecciona. Es decir, es necesario afirmar la autonomía propia de la objeti- vidad del conocimiento científico de la historia, pero al mismo tiempo recordar que dicha autonomía es relativa. La ruptura con el conocimiento pre-científico es igualmente relativa: sigue siendo conocimiento, sigue teniendo "presuposiciones", de lo contrario pretendería, como Hegel, el absolute Wissen que sería un nuevo fetichismo teórico. La ruptura se produce entre el sujeto empíri- co, patológico, cotidiano y la subjetividad metódica, disciplinada, trascendental del científico. El sujeto cotidiano alcanza, en el caso del prudente p.e. (la ορφός λόγος πρακτικόs de Aristóte- les)48, una objetividad cotidiana que tiene grados. El gran político Bolívar, Sandino, alcanza mayor grado de “rectitud" u objetivi- dad cotidiana (dóxica) que el que nada sabe de política o se en- cuentra en las clases dominantes. De todas maneras hay una ruptura entre esta objetividad y la científica, pero no es absoluta, sino relativa, ya que por el sujeto, los intereses, las presuposicio- nes, los aparatos materiales que posibilitan el discurso científico y por la constitución misma del objeto (que no es sólo la cuestión del tema sino la de la posibilidad de ser objetualizado desde un horizonte dado de inteligibilidad, fundamento de posibilidad de elegir un tema), sigue teniendo vigencia sobre la objetividad real o concreta del discurso histórico. Es decir, la praxis (y en mayor

  • 325 grado cuando es de liberación, porque despliega un nuevo hori- zonte de cognoscibilidad de los objetos cotidianos y científicos) determina al conocimiento científico y no puede declarársela pertenecer al ámbito extra-teórico. La praxis es constituyente intrínseca de la teoría, y última instancia de la objetividad de todo discurso. En el ejemplo de la investigación histórica sobre la acumula- ción primitiva del capital, considerando especialmente el momen- to externo y de.circulación, puede decirse que, por la praxis de liberación de la periferia, se abren nuevos horizontes: a la recolec- ción de datos, hechos, objetos de investigación; se construyen nuevos momentos del paradigma; se corrigen categorías; se amplía su ámbito de eficacia explicativa; se elaboran nuevas hipótesis concretas. La objetividad, no solo formal sino real o concreta, del discurso histórico es aquí de mayor grado; hay mayor ajuste a la realidad vivida por los pueblos de la periferia mundial del capita- lismo; se explica mejor la intervención del trabajo explotado de las clases oprimidas de las colonias, neocolonias y países depen- dientes. Es más objetiva dicha exposición por su coherencia formal interna, por su capacidad explicativa dialéctica, por la cla- ridad en relación a las estrategias y tácticas de la praxis de libera- ción de los oprimidos. De todas maneras, el movimiento dialéctico del discurso, que procede por negación de la explicación cotidiana de los momen- tos abstractos, apoya la posibilidad de su superación en la afirmación de la positividad descubierta por el nuevo ámbito obje- tual que el horizonte del Interés ha desplegado desde la Utopía (E). En dicho ámbito de exterioridad novedosa (exterioridad a la tota- lidad vigente, dominadora, dentro de la cual desarrolla su discurso la historia articulada al bloque histórico dominante) es donde se encuentra la mina rica en datos, hipótesis y realidad que el histo- riador, intelectual orgánico de las clases oprimidas de los países dependientes, trata científicamente con mayor objetividad que sus colegas articulados a los grupos en el poder coactivo, represor, hegemónicos. Es verdad que, frecuentemente, los aparatos mate- riales (facultades, bibliotecas, computadoras, instrumentos de

  • 326 medición, archivos, etc.) le resultarán insuficientes. La historia del pueblo oprimido tiene además el inconveniente de tener por defi- nición pocos documentos: el dominado es analfabeto y el analfa- beto no escribe ni deja testimonios. Es una historia, además, que en el nivel investigativo debe recurrir al leer en el vacío, al revés, desde los documentos del dominador. En conclusión, una historia desde abajo, desde los oprimidos, desde la praxis de liberación de nuestros pueblos tiene mayor objetividad que la realizada, en igual precisión de los usos de la lógica dialéctica de explicación, por los intelectuales orgánicos del sistema, los "nuevos mandarines" de los que nos habla Chomsky. NOTAS 1Cfr. Histoire et verité, Seuil, París, 1964, y en especial La symbolique du mal, Aubier, París, 1961, y también Le conflit des interprétatíons, Seuil, París, 1969. Sobre el particular nos hemos extendido en nuestra obra El humanismo semita, EUDEBA, Buenos Aires, 1969. 2Cfr. Prinziphoffnung, Suhrkamp, Frankfurt, t. 1-111, 1970, y Geist der Utopie, Suhrkamp, Frankfurt, 1977. Todavía puede ser sugerente Martín Buber, Der utopische Sozialignus, Hegner, Koeln, 1967. 3Chap. "Objectivity and liberal Scholarship", en American power and the new mandarins, Vintage Book, NY, 1969, pp. 23-24. 4Ibid., p. 24. 5Ibid., p.27 . 6Ed. castellana, Mortiz, México, 1969, p. 73. 7Ibid., p. 190. 8Ibid., p. 245. 9Ibid.,p.251. 10Juerguen Habermas, Erkenntnis und Interesse, Suhrkamp, Frankfurt, 1977, p. 39. Véase Karel Kosík, Dialéctica de lo concreto, ed. cast., Grijal- vo, México, 1967, pp. 235 ss.; Karl Marx cuando expresa que "alles gesells. chafliche Leben ist wesentlich pracktisch", en "These ueber Feuerbach", § 8 (Karl Marx Fruehschriften), Wissenschaftliche Buchgesellschaft, Darms. tadt, t. 11, 1971,p. 3. Todo esto coincide de alguna manera con aquello de

  • 327 Martin Heidegger: "El conocimiento (Erkennen) es un modo del Dasein fundado (fundierter) en el ser en el mundo" (Sein und Zeit, § 13; Nieme- yer, Tuebingen, 1963, p. 62); o de un E. Husserl cuando explica que "el mundo como mundo-de-la-vida-cotidiana (Lebenswelt) tiene ya precientí- ficamente (vorwissenschaftlich) la misma estructura que las ciencias obje- tivas [...] Nuestro cuerpo cotidiano (lebensweltich) y confiable es un cuer- po real, el mismo aunque no el cuerpo en el sentido de la física" (Die Krisis der europaeichen Wissenshaften, 35; Husserliana VI, Nijhoff, La Haya, 1962, p. 142, 1.20-39). 11K Marx, op. cit., Ibid. 12En un famoso texto explica el Estagirita: "Toda técnica y todo méto- do (µέφοδος), al igual que la praxis (πραξις) y la elección práctica (προαιρεσις) tienden a algún bien 100)" (EN I, 1, 1094 a 1-2). La noción de άγαφόυ que se Convierte con el ser mismo, ontológicamente, abre el camino para entender la noción habermasiana de Interesse. Es al mismo tiempo horizonte tendencia práctico y fundamento de cognoscibilidad. Por este camino, nuestra postura quiere indicar que la praxis no condicio- nará, p. e., para elegir un tema de investigación, sino que constituye la inte- ligibilidad u objetualidad de todo objeto de conocimiento como tal. La cuestión no es de sociología del conocimiento sino de ontología del conoci- miento. 13El gran pensador de Koenigsberg tiene en este punto insospechada actualidad. Con respecto al interés o Utopía como horizonte de constitu- ción de los objetos de la experiencia nos dice: "La idea de un mundo inteli- gible puro como conjunto de todas las inteligencias, al que pertenecemos como seres racionales sigue siendo utilizable y permitida para el propósito de una fe racional, aunque todo saber halla su frontera dentro de sus limi- tes" (GMS, BA 126-127). El horizonte del Reino de fines, más allá de la posibilidad de la objetuación del entendimiento, será para Hegel objeto de conocimiento. De todas maneras Kant postula un más allá del horizonte de objetos, y "el concepto de un mundo inteligible es, pues, sólo un punto de vista (Standpunkt) que la razón se ve obligada a tomar fuera de los fenóme- nos, para pensarse a sí misma como práctica" (GMS, AB 119). El paso debera darse mostrando que dicho horizonte inteligible es igualmente el fundamento de la constitución de los objetos del entendimiento. Para ello será necesario, como decíamos, pasar por Hegel y Marx, y por el mismo Heidegger. Véase mi obra Para una destrucción de 1a historia de 1a ética, Ser y tiempo, Mendoza, 1970, pp. 231 ss 14J. Habermas;op.cit., p. 242. 15Ibid., p. 257. 16H. Marcuse, op.cit., p. 234.

  • 328 17E. Husserl, Ideen zu einer reinen Phaenomenlogie, § 128; en Jahrbuch fuer Philosophie und Phaenomenolog. Forsch., I (Niemeyer, Halle), pp. 255-256. 18H. Habermas, op.cit., p. 260. 19Cfr. Ibid, 261. 20J.G. Fichte, Ausgewaelt. Werke, ed. Medicus, primera introducción a la Wissenshaftslehre, t. III, p. 17. 21Ibid. 22Kpv A 219-220. 23H. Marcuse, op.cit., p. 234. 24J. Habermas, op.cit., p.39. 25Esto es lo que Paul Ricoeur expresa en Histoire et verité, y al que se refiere Adam Schaff (Cfr. igualmente H. Baumgartner, K. Faber, J. Ruesen, A. Schaff, Historische Objektivitaet, Vandenhoeck, Goettingen, 1975. J. Ruesen termina su trabajo 'Werturteilsstreit und Erkenntnisfortshritt" indicando: "En el discurso histórico está indivisiblemente unido la dimen- sión ética de la praxis cotidiana (Lebenspraxis) humana con la objetivi- dad de la ciencia histórica" (p.94). 26Aristóteles, Tópicos 1,1 ,100 b 20-23. 27"Das Ich setzt sich selbst [... ] Ictl als absoluten Subjekts", en Grundlage der gessmten Wissenshaftslehre (1794), I, p. 97. 28Cfr. Carl G. Hempel, La explicaci6n científica, Paidos, Buenos Aires, 1979; Ernest Nagel, La estructura de la ciencia, Paidos, Buenos Aires, 1978, pp. 492-543; Karl Popper, The logic of scientific discovery, Harper, NY, 1968, o Conocimiento objetivo, Tecnos, Madrid, 1974, en especial pp. 106- 145, y La miseria del historicismo, Alianza, Madrid, 1973. En la disputa del positivismo en la sociología alemana, Grijalvo, Barcelona, 1972, puede estudiarse el enfrentamiento entre una metodología de razón anaíftica con otra de razón dialéctica. En especial el trabajo de J. Habermas "Teoría ana- lítica de la ciencia y dialéctica" (pp. 147 ss.), y la respuesta de H. Albert. "El mito de la razón total" (pp.181 ss. ). Sería interesante efectuar una comparación entre aquel encuentro de Tuebingen y el nuestro de Oaxtepec. Hay analogías. 29C. Hempel, op.cit., pp. 233 ss.; K. Popper, The logic the scientific discovery, pp. 78 ss., etc. 30Klosterman. Frankfurt, 1967, p. 111. 31Historik. Vorlesungen ueber Enzyklopaedie und Methodologie der Geschichte, Darmstadt, 1960.

  • 329 32Cfr. Paul Feyerabend, Against Method. Univ. of Minnesota, Minnes., 1970. 33K. Marx, Zur Kritik der polisichen Oekonomie. Dietz, Berlin, 1971, p. 250. Véase mi obra Método para una filosofía de la liberaci6n. Sígueme. Salamanca. 1974, pp. 137-148. 34Francke, Muenchen, 1977, t. II, pp. 102 55. 35Ludwig Wittgenstein, Tractatus Logico-philosophicus. Routlegde and Kegan Paul, NY. 1969, p. 15. 36Ibíd., 6.45; p. 149. Es exactamente de esta manera como "siente" el mundo (el sistema) el oprimido por la totalidad práctica. Pero acerca de este "sentir" del oprimido, para Wittgenstein, no hay ciencia. 37Ibid., 6.41; p. 145. De esta manera sería imposible efectuar un juicio total sobre el sistema capitalista como totalidad -tarea de la dialéctica-. La opción de estos grandes lógicos, reformistas, justifica al fin al capitalis- mo; al pretender demostrar la imposibilidad de una "salida" (la crítica a la utopía y al socialismo se concreta en mostrar su imposibilidad se torna metódicamente antidialéctica. 38K. Marx, op.cit.. p. 248. 39La acumulación mundíal 1492-1789. Siglo XXI, México, 1979. 40“[...] das Subjekt, hier die moderne buergerliche Gesellschaft [...]" (K. Marx, op.cit., p.2541. 41Ibid., p. 247. 42Ibid. 43Ibid., 248. 44Ibid., p. 250. 45K. Kosík op.cit.. p.52. 46Las estructuras de las revoluciones científicas. ed. cast. FCE, México, 1975, p. 149. 47Ibíd., p. 150. 48En libro VI, 1138 55. Es interesante anotar que la "rectitud" de la elec- ción práctica exige la "rectitud del querer" (EN V, 2,1139 a 30-31), es decir, se funda en un Interés práctico (juzgado por la razón y amado por la voluntad) La opción, que pende de la decisión elegida, es teórico-prácti- ca, y determina por el proyecto total de vida la "vida contemplativa" misma (Metafísica V, 29, 1025 a 21. Véase M. Heidegger, Sein und Zeit. §44; p. 222: "Los fundamentos ontológico-existenciarios del descubrir son lo que muestra el fenómeno más original de la verdad"; recordando que el nivel existenciario se refiere a la praxis en w sentido fundamental.