Rosenberg. Alfred-Principios Filosoficos Fundamentales Del NS-Edicion Especial

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    FUNDAMENTOS FILOSFICOS DEL NACIONALSOCIALISMO Las Bases del Nuevo Orden

    Alfred Rosenberg

    Biblioteca WeltanschauungNS Libros Para Ser Libres

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    Ttulo del original en alemn Das Wesensgefge des Nationalsozialismus.

    Grundlagen der deutschen wiedergeburt.

    Versin castellana de Eva Pardo de la Cruz

    EDITA A.N.S. EDICIN PATROCINADA POR EL C.R.A.S.

    (COORDINADORA REVISIONISTA DE ACCION SOCIAL) 1990

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    Alfred Rosenberg

    FUNDAMENTOS DEL NACIONALSOCIALISMO

    LAS BASES DEL NUEVO ORDEN

    (OFFIZIELLER TEXT DES NSDAP) TEXTO OFICIAL DEL NSDAP 1. LAS PREMISAS Enigmtico y alarmante es para muchos el crecimiento gigantesco del Movimiento nacionalsocialista. Ante sus cada vez ms escasos adictos, los representantes de las ideas anteriores a 1914 y los defensores del sistema poltico hoy imperante, se esfuerzan en "explicar" el desarrollo de un fenmeno antao objeto de burla -ahora con razn temido -, tratando de neutralizar de algn modo la influencia hipntica, la atraccin irresistible que ejerce la nueva idea no slo sobre sus creyentes sino sobre todo el pueblo. Con ese propsito se recurre al artilugio de que ello se debe a acontecimientos "pasajeros" tales como la penuria econmica y el estancamiento comercial. Para completar tan infantil argumento a continuacin se anuncia -junto con las promesas de tiempos mejores - la pronta desaparicin del "sntoma de enfermedad nacionalsocialista. Todos estos crticos del Nacionalsocialismo pasan deliberadamente por alto que la gran crisis de nuestro tiempo es ya de por s signo de enfermedad, expresin de la ndole ms terrible, imagen exterior de un derrumbe interior, testimonio, asimismo del imperio de un espritu que ve en el lucro econmico su ms alto bien. Y como tal posicin anmico-intelectual contrara la estructura orgnica de toda vida

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    comunitaria, el pecado de una generacin carente de valores se traduce en catstrofes polticas y econmico-sociales. Como ltimas consecuencias aparecen, entonces, en el horizonte del futuro, dos posibilidades: que los engaado por la inescrupulosa tica mercantilista se desliguen definitivamente de los conceptos que an los atan a la Comunidad -lealtad, espritu nacional, honestidad, etc.-, y en rebelin violenta hagan pedazos un mundo o que en otro ncleo se concentre la fuerza moral en una voluntad frrea para restaurar la ley de la naturaleza y la ley de toda alma grande, en cuya escala de valores el lucro no se halla en la cspide sino que ocupa el lugar ms bajo. Por lo general, en pocas cruciales del destino se concentran ambas fuerzas y la lucha, de ese modo, no es eludida por compromisos sino llevada a cabo hasta su definicin. El resultado de este combate decide por siglos, a veces para siempre, la ulterior evolucin histrica de un pueblo o de una raza. En un periodo de transformacin de ese carcter nos encontramos en el presente. El orden social ha sido destruido por las ideologas que han colocado el yo absoluto en el centro de todas sus construcciones. Ningn concepto rene a los individuos; la legislacin es manejada por los agentes de los especuladores; Ya no hay hombres de Estado sino solamente sndicos de consorcios, trusts y monopolios, es decir, sujetos lisa y llanamente comprados, pertenecientes a la clase de los ms despreciables delincuentes, el derecho y los jueces han sido rebajados a instrumentos del ms estrecho espritu partidista. Los ltimos sostenes de la confianza nacional son de est manera socavados por los mismos que gobiernan en una poca de decadencia. De lo contrario, los individuos que frecuentemente pronuncian conferencias acerca de la economa mundial, deberan estar sentados en banquillos de presidiario. Pero, esta corrupcin de los seudodirigentes relaja tambin, cada vez ms, la hasta ayer existente fidelidad de las masas dominadas y llegamos de esa manera, al mencionado da de la decisin: el caos o la pronta reflexin para librar la batalla de la liberacin social. En el segundo caso, la gran masa comenzar - en la incipiente controversia por la critica de los prejuicios directamente comprensibles; algunas mentes investigarn ms profundamente para detectar las condiciones bajo las cuales se realiz la decadencia y slo uno, o bien muy pocos, darn a luz en el tiempo apropiado, la nueva idea que puede volver a conducir a un pueblo hacia la plenitud. Los pensamientos afluyen como hijos de Dios, nadie puede indagar su origen por la va de la experiencia pura. Y sin embargo, en las concepciones sobre el nacimiento de una idea se evidencia la postura intelectual caracterstica de diferentes personalidades, pueblos y razas. Es puramente superficial la muy difundida tesis de que despus de una poca de liberalismo debe a hora nacer, en una secuenciafatal", el "nuevo pensamiento". Antes bien, esto tampoco es correcto en el plano histrico,

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    pues con demasiada frecuencia semejante idea salvadora no fue engendrada dado que pueblos de la mxima fuerza cultural sucumbieron para siempre en el fuego de las luchas sobre esta Tierra. Nosotros, los nacionalsocialistas, no creemos que una idea ha descendido sobre nosotros "fatalmente" (schicksalhaft) de alturas nebulosas, no nos sentimos "predestinados", tal como es la pretenciosa profesin de "humildad" de muchos, sino que lo que nos sostiene es precisamente la conciencia viva de lo que se va plasmando orgnicamente de abajo hacia arriba, el saber ntimo de que en nuestro pecho han ascendido ideas y valores que nos empujaron al testimonio potente, a hazaas, sacrificios, victorias. La hermosa concepcin alemana de que no es el "destino" slo lo grande, sino el valor que lo sobrelleva inquebrantado, revela una posicin anmica -que en ltimo trmino es una cuestin de carcter -, cuya investigacin conduce luego al misterio de la sangre ligada con el alma. Los hombres que creen tener que obsequiarnos con una idea mgica, se declaran fanticos luchadores contra el concepto materialista de la causalidad, pero lo introducen nuevamente a travs de su dogma, socavando de esta forma la dignidad del nacimiento de una idea en el corazn humano, que siempre ser un misterio. Ahora bien: toda gran idea -segn Goethe - se manifiesta dando leyes. Toda visin de conjunto verdaderamente grande, empero, es siempre un fruto intelectual y tico de una personalidad. En el mejor de los casos las vivencias de una poca confluyen por intermedio de unos pocos, no por yuxtaposicin sino porque provienen de un similar anhelo, de igual carcter, del mismo mito (1) de la vida. Una idea necesita en este mundo para su representacin de un cuerpo. De este impulso interior se origin el Partenn cmo la Sixtina y la Novena Sinfona. El ser humano, la idea y la obra constituyen una unidad espacial-temporal que jams puede separarse. Este entendimiento fundamental tambin es vlido all donde el hombre es tanto sujeto como objeto, donde la vida humana fluye, donde un nmero cambiante, por lo tanto, debe ser encarnacin de un pensamiento. Aqu se coloca en lugar de la obra, por consiguiente, el hombre mismo. El Movimiento Nacionalsocialista ha experimentado su propia ley, de acuerdo a la cual se ha presentado, a partir de los primeros das de su existencia: Sangre y Suelo, la premisa de toda accin; Personalidad, la coronacin de un pueblo, Conduccin frente a la nivelacin democrtica; lucha total y hasta el fin contra el marxismo, ya sea socialdemocracia o bolchevismo; relevo de la capa burguesa, incapaz de una nueva seleccin de la Nacin. etc. Pero, hasta que una concepcin del mundo pueda llegar a erigirse en el marco determinante de la creacin y formacin comunitarias, est unida inseparablemente con su fundador viviente. Esto es algo que todo aqul que construye y posee pensamientos propios entiende sin ms, pero es tambin

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    fcilmente aprehendible para el carcter germnico, an para el hombre ms simple. De ah que ciertos sectores, autnticos enemigos de un levantamiento orgnico intentan negar desde ese ngulo a la nueva manifestacin vital nacionalsocialista, puesto que despus de reconocer aparentemente la "magnitud de la idea, atacan al Fhrer y a los dirigentes del Movimiento. Esto prueba inequvocamente que no estamos aqu en presencia de motivaciones ideales", de fidelidad a ideas sino frente a individuos tpicos exponentes de la civilizacin cosmopolita surgida en las metrpolis capitalistas que no entienden ni comprenden nada de una idea ni de grandes personalidades por lo que tampoco son capaces de valorarlas. La incomprensin del desarrollo de una nueva y grandiosa voluntad, hace que ms de uno que se ha unido recientemente a la Organizacin sin estar debidamente consubstanciado con su doctrina, crea cndidamente que el Partido es un cmodo foro para sus planes y planecillos a los que hasta el presente, desgraciadamente, nadie ha prestado atencin. A esta gente, por lo general, les gusta hablar de "la idea", imaginndose al respecto slo los productos de su fantasa, y consideran al Movimiento slo como objeto de prueba al que urge incorporar sus geniales tesis hasta hoy ignoradas. A estos elementos, obviamente, les resulta sumamente desagradable e intolerable la personalidad de un autntico Fhrer, el que aqu existan ya idea y forma, puesto que esto impide todo intento de asumir una pose. El sospechoso celo por la fidelidad a la idea" esconde el propsito de colocarse a s mismo en el lugar de los creadores. Para que una doctrina -y esto es una ley eterna - pueda llegar a plasmarse en la realidad y adquirir la dureza del acero, previamente debe ser llevada por un conductor a travs de las llamas del tiempo. Todo el que es realmente fiel a esta idea insistir por eso, en la inseparabilidad de Fhrer e Idea y estar acorde en reducir a la ms frrea disciplina a individuos como los de tipo mencionado o -si ellos no poseen el carcter necesario - en la necesidad de apartarlos sin conmiseraciones. Son preci